INDICE DE LA CLASE
¡Muy buenas! Vamos al lío con este índice de la masterclass sobre la llamada. No voy a contarte ningún rollo teórico de manual, vamos a ir paso a paso y a sacar lo que de verdad te va a funcionar con tu perro. Porque ya lo sabes, la llamada no es un truquito mágico de «ven aquí» y que el perro venga feliz. Tiene sus trucos, y más importante, tiene sus puntos clave que te voy a desgranar aquí.
1. La raza importa (más de lo que crees)
Empezamos fuerte, con la verdad por delante: la raza del perro importa. No te estoy diciendo que un husky nunca te hará caso, pero si tienes un perro nórdico, tipo husky o akita, ya te adelanto que vas a sudar más para conseguir una buena llamada. Estos perros son más independientes y no les vas a comprar con una salchicha. Los perros de trabajo, como los border collies o los malinois, son más cooperativos y tienen más ganas de currar contigo, pero ojo, que también tienen lo suyo. No es lo mismo trabajar con un perro que está deseando hacer algo contigo, que con un perro que te ve como el pesado que no le deja ir a su bola.
Aquí clasifico las razas en una escala del 1 al 5, siendo el 1 los típicos perros de compañía y el 5 algo más cercano a un lobo. Si tu perro está más cerca del 1 (tipo bichón maltés), pues la cosa será más fácil; si está en el 5, como un lobo o un perro lobo checoslovaco, te toca currártelo mucho más. Y ya te digo, no es lo mismo engañar a un golden con una galletita, que conseguir que un husky te mire si ve un conejo a 500 metros.
2. Las emociones lo son todo
Aquí viene la clave: las emociones del perro. Si tu perro está a tope de revoluciones porque ha visto un corzo o una paloma, tienes que ser más interesante que eso. Si el corzo es un 10 en la escala de motivaciones, tu llamada tiene que ser un 11. Y ojo, esto no significa que tengas que pegar un grito de película de terror, sino que tu llamada tiene que tener la suficiente fuerza y atractivo para ganarle a lo que esté haciendo el perro.
Por ejemplo, si el perro está oliendo un pis, eso es un 3 o un 4 en la escala de emociones. Ahí con un 5 de tu llamada ya lo tienes. Pero si está viendo otro perro a lo lejos, que es un 8, tu «ven» tiene que ser un 9 mínimo. No puedes esperar que venga si lo llamas con la misma energía con la que pedirías la cuenta en un bar.
3. La motivación: que tu perro quiera venir
Aquí está el truco. Si el perro no quiere venir a ti, no lo va a hacer. Así que tienes que encontrar qué lo motiva. En mi caso, con Dante, el mordedor es su vida. Cada vez que lo llamo y viene, sabe que va a haber mordedor de por medio, o al menos algo que le mola un montón. No te engañes, el perro tiene que asociar la llamada con algo bueno de verdad. No vale con un premio soso o con que le digas «muy bien, chico». Encuentra qué es lo que le mueve. Hay perros que prefieren la pelota, otros el rastro, otros la comida.
Con los perros nórdicos o galgos, el truco está en asociar la llamada con el rastro. Si ves que tu husky o galgo se vuelve loco con rastros, aprovéchalo. Coopera con él, sigue el rastro juntos y cuando lo llames, que vea que tiene sentido hacerlo. No te pongas a llamarlo cuando está en modo caza y tú eres un muermo total.
4. El vínculo es lo más importante
Este es el punto en el que mucha gente falla. El vínculo lo es todo. Si no tienes una buena relación con tu perro, olvídate de que te haga caso cuando más lo necesitas. La llamada no se construye solo con ejercicios. El perro tiene que querer venir a ti porque confía en ti y sabe que va a ser algo bueno. Si no trabajas el vínculo, puedes hacer todos los ejercicios que quieras, que al final el perro va a seguir a su bola.
5. Cómo llamar sin hacer el ridículo
Este es un clásico: llamas al perro, y nada. O te pones a gritar como loco o a susurrar su nombre como si te diera vergüenza. Ni lo uno ni lo otro. Aquí lo que hay que hacer es sencillo: nombre + comando firme. No más. En mi caso, siempre es «Dante, ven». Nada de «aquí», «chico», «vamos», «venga», no. Firmeza y claridad. Si te pones nervioso, el perro lo nota, y si te pones a llamarlo con desesperación, vas a conseguir justo lo contrario.
Ah, y otra cosa importante: no llames más de dos veces. Si después de dos llamadas el perro no viene, es que no te está escuchando o tu llamada no tiene la suficiente emoción. Trabaja eso, pero no te pongas a repetir como un loro.
6. La correa: tu mejor amiga
La correa es tu aliada, pero no es una herramienta para castigar. Nada de andar tirando de ella a lo bruto o usarla para corregir al perro con mala leche. La correa tiene que ser una extensión de ti, y cuanto más suave sea su uso, mejor. Yo recomiendo siempre una correa larga, de 5 a 7 metros, para que el perro tenga libertad, pero sin que pierdas el control.
Y una cosa más: cuando llames al perro, no lo hagas solo para ponerle la correa y llevártelo. No seas ese que cuando llama al perro, el pobre ya sabe que se acabó el paseo y viene resignado. Usa la correa como una herramienta positiva, que sea parte del juego.
7. Ejercicios prácticos: paso a paso
Vale, los ejercicios. No te vas a librar de practicarlos, pero no te frustres si no salen a la primera. Lo primero es empezar en un sitio sin distracciones. Si tu perro se dispersa con facilidad, empieza en un lugar donde solo estés tú. Haz que venir a ti sea la única opción.
Uno de los ejercicios más simples es el de la correa larga. Mientras el perro está distraído, lo llamas. Si ves que no responde, le das un pequeño tirón suave, solo para recordarle que estás ahí. Nada de arrastrarlo. Y cuando venga, fiesta total: premios, juegos, lo que sea.
Otra técnica que me gusta es la de la inseguridad condicionada. Básicamente, uno se queda con el perro atado, y el otro se aleja sin decir nada. El perro ve que te alejas y cuando ya tiene esas ganas de ir a ti a tope, le llamas. La emoción es brutal y el perro viene disparado.
8. Sobre el collar eléctrico: con mucho cuidado
Y aquí hago una advertencia: el collar eléctrico no es para cualquiera. Yo lo he usado, pero siempre con muchísimo cuidado y solo en casos muy concretos. Si no sabes usarlo bien, puedes hacer un daño irreparable. Así que mi consejo es que lo dejes de lado a menos que tengas a un profesional guiándote.
