Ayer en el parque, una clienta me soltó la frase de siempre: «Sabe perfectamente lo que tiene que hacer, pero no le da la gana». Su Border Collie acababa de ignorar completamente su llamada mientras perseguía a otro perro.

Lo más jodido de esto es que ella tenía razón a medias.

Su perro SÍ sabía venir cuando le llamaba. Lo hacía perfectamente en casa, en el jardín, incluso en la calle cuando no había distracciones. Pero ese día, con su mejor amigo perruno a veinte metros, era como si hubiera olvidado su propio nombre.

Escucha el episodio completo: Abrir en Spotify

No es que tu perro tenga gusto de llevarte la contraria. Es que en ese momento, su cerebro simplemente no puede procesarte. Así de simple.

¿Cómo funciona realmente el cerebro de tu perro?

Tu perro tiene dos sistemas funcionando a la vez: el emocional y el cognitivo.

El cognitivo es como cuando tú estudias. Le permite aprender, tomar decisiones tranquilas, hacer ese «siéntate» perfecto en casa o esperar antes de comer. Es el sistema que funciona cuando todo está controlado.

El emocional se dispara cuando algo le importa mucho. Cuando ve a otro perro, cuando suena un petardo, cuando llevas cuatro horas fuera y por fin llegas. Cuando esa paloma está ahí, a tres metros, pidiendo a gritos que la persiga.

Y aquí está el quid de la cuestión: cuando la emoción sube demasiado, el sistema cognitivo se apaga. No porque quiera. Porque biológicamente ya no tiene acceso a él.

Es como intentar hacer un cálculo matemático complejo mientras alguien te grita en la cara. Puedes saber perfectamente resolver esa ecuación, pero con ese iluminado chillándote, en ese momento no puedes.

Perro mirando fijamente a otro perro en el parque, mostrando un estado emocional activado donde no puede procesar órdenes

Dante y Álvaro — Más que Adiestramiento

La escala emocional: del verde al rojo

Para visualizar esto mejor, imagínate una escala de colores que describe el estado emocional del perro. Va del verde al rojo, pasando por amarillo y naranja.

Verde es el estado base. Tranquilo, neutro, receptivo. Aquí tu perro puede aprender, puede obedecer, puede procesar las cosas con calma. Si le pides algo razonable, lo hace.

En amarillo hay algo que le llama la atención. Hay emoción, impulso hacia algo, pero todavía puede funcionar su cognición. Con buen trabajo encima, un perro entrenado sigue siendo «operable» en amarillo, aunque le cueste más.

Naranja ya es otra historia. La emoción domina. El perro sigue oyendo, sigue percibiendo, pero su capacidad de responder a una orden razonada cae en picado. Un perro con mucho trabajo puede aún acudir a las llamadas, pero no esperes mucho más.

Y luego está el rojo. Aquí lo has perdido. No te escucha, no te ve, no existe nada más que aquello que le ha disparado esa emoción. Aquí no hay collares de púas, no hay voz, no hay nada que funcione salvo sacarle físicamente de esa situación.

Únete a La Jauría

Cada semana un email con lo que de verdad funciona en adiestramiento. Sin ñoñerías.




El error que comete casi todo el mundo es esperar que el perro obedezca desde el naranja o incluso en el rojo. Y cuando no lo hace, piensan que es desobediencia.

El ejemplo de la llamada: por qué falla lo que funciona en casa

Tu perro está en el parque, ve a su mejor colega del barrio, va hacia él. Le llamas. No viene.

¿Tu perro sabe venir cuando le llamas? Sí, lo hace en casa todos los días.

¿Está en condiciones de venir en ese momento? Probablemente no. Puede estar en naranja o en rojo, dependiendo de lo muy amigo que sea ese perro.

El problema no es que sea desobediente. El problema es que nunca se ha trabajado la llamada desde estados emocionales tan altos. Solo se ha trabajado en verde.

Con Dante pasa igual. En casa hace un «quieto» de película. Pero los primeros meses, si veía una pelota volando, me ignoraba completamente. No porque fuera rebelde. Porque solo había aprendido a hacer «quieto» en el sofá, no con una pelota rebotando a dos metros.

Este es el patrón que más veo: el dueño entrena en casa, en lugares tranquilos, sin ruidos, sin otros perros. El perro aprende perfectamente. Llega la calle y se desmorona todo.

No es que el perro se haya olvidado del «ven». Es que nunca ha aprendido a ejecutarlo desde un estado emocional distinto.

Dueño entrenando con su perro en un entorno controlado, trabajando la obediencia desde diferentes estados emocionales

Más que Adiestramiento — Vitoria-Gasteiz

Cómo trabajar desde estados emocionales más altos

Si el problema es que tu perro obedece en verde pero no en amarillo ni naranja, la solución no es repetir más veces el ejercicio en verde.

La solución es empezar a trabajar gradualmente desde estados más activos.

Primero, tienes que ser capaz de leer a tu perro. Saber cuándo está en verde, cuándo empieza a subir a amarillo, cuándo está en naranja. Eso se aprende observando, y no es tan difícil una vez sabes qué buscar.

Segundo, empiezas a pedir cosas cuando está en amarillo, pero un amarillo raspadito, casi verde. No en el amarillo casi naranja. Observa donde todavía hay posibilidades de que responda bien.

Cada vez que consigues que tu perro te haga caso desde ese estado ligeramente activado, das un paso adelante. El perro aprende que puede volver a ti incluso cuando hay cosas interesantes alrededor.

Que tú eres relevante también cuando el mundo es estimulante.

Pero eso no se construye en un día. Se construye con trabajo, constancia, y entendiendo que la obediencia no es una orden aprendida. Es una relación.

Un perro obedece más fácil a alguien que reconoce como su referente emocional. Si te ve como alguien predecible, coherente, que gestiona las situaciones con seguridad, va a buscar información cuando las cosas se pongan difíciles.

Si no tienes esa referencia clara, cuando la emoción sube, busca en otro sitio. En el otro perro, en ese olor del suelo, en lo que sea que tenga más peso en ese momento.

Y no es que te ignore porque no le importas. Es que no has construido ese peso todavía.

¿Te ha servido? Hay más cada semana

Un email. Sin filtros. Lo que funciona de verdad con tu perro. Eso es La Jauría.




La próxima vez que tu perro no te haga caso, no pienses «es que no quiere». Pregúntate: ¿en qué estado emocional está? ¿He trabajado esto en estas condiciones? ¿Soy para él una referencia lo suficientemente sólida como para que me busque cuando la emoción sube?

Esas preguntas tienen respuestas. Y esas respuestas te dicen qué hay que trabajar.

P.S. Esta semana, cada vez que tu perro «te desobedezca», anota mentalmente en qué color de la escala estaba. Verde, amarillo, naranja o rojo. Te vas a sorprender de cuántas veces le pedías cosas imposibles sin darte cuenta.


Scroll al inicio